Repensando la accesibilidad cultural desde el museo

El alumnado del MGC experimentó de primera mano las barreras de accesibilidad que aún persisten en las instituciones culturales.

El pasado viernes 12 de diciembre, el Máster en Gestión Cultural salió de las aulas para participar en una actividad centrada en la discapacidad y la diversidad en el entorno cultural. En el módulo de Difusión: Comunicación, Públicos y Educación, la formación en diversidad de públicos ocupa un lugar central para reflexionar sobre la accesibilidad a la cultura para las personas con distintas discapacidades. La sesión se desarrolló en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía de la mano de Costa Badía, artista y mediadora cultural que trabaja desde y para la discapacidad. Cubrir el expediente es el nombre que Costa Badía y su compañera Clara López –que complementó la clase desde el aula–, dan a su actividad. Toda una declaración de intenciones que señala, desde la ironía y la crítica, la práctica meramente suficiente que muchas instituciones culturales llevan a cabo en materia de accesibilidad: rampas simbólicas, menciones en el dossier o algunos carteles  bastan para cumplir la ley, como subrayó Costa Badía durante el recorrido.

La visita se articuló en torno a un paseo por los edificios y salas del museo, señalando las distintas medidas de accesibilidad presentes –o ausentes– en el espacio. En distintos puntos del trayecto, junto a escalones no accesibles o salas sin asientos o con una iluminación deficiente, Badía planteó cuestiones para el debate colectivo. El punto de partida fue claro: que los futuros gestores y gestoras culturales comprendan que la discapacidad y la accesibilidad no son un añadido, sino una condición indispensable para garantizar que todas las personas –independientemente de sus capacidades físicas, sensoriales, intelectuales o psicosociales– puedan ejercer su derecho a la cultura en igualdad de condiciones. El conocimiento directo de las realidades a las que se enfrenta una persona con discapacidad al acceder a la cultura, contribuye a formar profesionales conscientes, competentes y comprometidos con una cultura diversa, inclusiva y accesible para todas las personas. Como aseguró Badía, «la gestión cultural implica una responsabilidad social. Integrar la accesibilidad no es solo una obligación legal en muchos contextos, sino también un compromiso ético con la diversidad y la dignidad humana». 

 

Alumnas del MGC durante la visita al MNCARS con Costa Badía

Alumnas del MGC durante la visita al MNCARS con Costa Badía

Patrimonio y accesibilidad: retos presentes y futuros

La actividad continuó haciendo un repaso de la compleja relación entre patrimonio y accesibilidad. Badía explicó este vínculo –conflictivo y tardío– a través de los personajes “Patri” y “Acce”, que mantienen desde hace tiempo una relación de amor-odio en constante transformación. Como señaló la artista en los pasillos del edificio Sabatini, patrimonio histórico y arquitectónico del MNCARS, venimos de una tradición conservacionista y monumentalista del patrimonio que concebía las medidas de accesibilidad –rampas, señalética o ascensores– como una amenaza al valor patrimonial. Sin embargo, el propio edificio permite observar cómo hoy se impone cada vez con más claridad la idea de que no hay patrimonio sin acceso, y que la accesibilidad no es solo física, sino también cognitiva, sensorial, económica, digital y simbólica, como señaló Badía. Aun así, persisten tensiones: las normativas patrimoniales y las de accesibilidad no siempre dialogan, lo que se traduce en intervenciones mínimas añadidas a posteriori y no en criterios integrados desde el principio. 

Badía cerró el recorrido señalando las tareas pendientes en materia de accesibilidad cultural, cuestiones esenciales que los futuros gestores y gestoras culturales deben conocer de primera mano. En primer lugar, la artista señaló la urgencia de garantizar una accesibilidad universal y efectiva, que no se límite a lo físico, sino que incluya también las dimensiones digital y comunicativa. Asimismo, destacó la importancia de mejorar la aplicación y la supervisión de las leyes ya existentes, asegurar una educación inclusiva con recursos adecuados y facilitar el acceso al empleo, combatiendo las formas de discriminación que aún existen. Todo ello debe ir acompañado, además, de una mayor participación de las personas con discapacidad en las decisiones públicas y de una formación continua del personal que trabaja en el ámbito cultural. La sesión con Costa Badía fue para los alumnos una experiencia formativa que permitió al alumnado confrontar teoría y práctica desde el propio espacio museístico y subrayó la necesidad de incorporar la accesibilidad como un principio estructural —y no accesorio— en la gestión cultural contemporánea.